miércoles, 27 de diciembre de 2017

Intervenido por Ju


Hombre con barba de pulpos
cada filamento ingresa y se aferra 
en un orificio diferente.
Encerrados tres días, sin parar,
excepto para descargar cuando el sueño venía
o comer cuando el hambre y su cara sombría
golpeaba la puerta y decía: "Hola, ya llegué".
Cada gota de tu saliva penetra y corroe
cada rincón, cada fibra.
Cada fuente de mi patio inaugural.
¿Será que podrás llegar al centro
del orgasmo original?
Ahí donde una cadena une al sapo, la víbora, 
el pez al latido ancestral.
Me gusta generar esto entre vos y yo:
invierno líquido y acogedor,
un cuento narrado con pudor,
las manos que recorren los rincones
en horas inadecuadas, frente a cualquiera,
en el sillón, en el cuarto de al lado 
cuando hay gente despierta,
en la última fila del cine,
en el asiento de atrás del bondi.
Aprender a masajearte,
aprender tres o cuatros nudos básicos.
Dejarte en culpa,
hacer el amor,
agotarte y vaciarte
y empezar de nuevo.
Llenando tus labios y que llenen los míos.
Lo más profundo que lleguen 
las resonancias de tu voz cavernosa.
En este encuentro feroz, fáustico, adormecido
radical-sexo-sonámbulo.
Mi sorpresa de descubrir cómo se eleva
tu belleza después del orgasmo;
cómo mejoran tus habilidades con la práctica.
Comiendo contento y con babero,
mirando, esperando confirmación:
¿está todo bien?
Porque no es como apretar el botón
de un ascensor y esperar que te lleven,
esto es más laborioso:
se debe accionar correas y poleas,
estudiar botones escondidos
en capullo de crisálida;
llevar en ritmo fijo lo completo y lo vacío;
coreografiar la danza primigenia,
captar eclipses cuando aparezcan
fusionarse por los ojos
y todo para que
nuestra sangre siga corriendo.


1 comentarios:

Alguien Que dijo...

sería lindo escucharlo alguna vez

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