jueves, 27 de octubre de 2016

Te están lavando la cabeza



Tengo una idea que me centrifuga.
Me gira en la cabeza y no deja que me duerma.
Me hace dar vueltas cómo una gatita acomodando el nido.
Cómo cuando me despierto luego de una noche intensa.
Intensa en imágenes y sensaciones.
Cuándo al fin me levanto luego de levantarme cada dos horas.
Toda sincronizada.
Feliz y cansada.
Aunque sea impulsada por medicamentos.
A veces te hablo dada vuelta,
con los ojos verticales,
con los pies para arriba.
Cuando te cuento cosas que
me ponen en "ahorro de energía",
en efecto "prrr".
Aunque digas que te despierta
los celos y pongas cara de
angustia por el paso del tiempo.
Y yo trate de imitar tus gestos.
Ya sé que te gusta escucharme
y mi voz en este tono.
En el pasto, mirando el cielo
o el atardecer, buscando cuál
de todas las estrellas es la analogía
del vértice superior del triángulo
equilátero cuya base son tus rodillas.





Hace



Hace años que no veo un arcoiris.
Años que sólo sueño mise-en-abîme.
Que extreman mi lucidez onírica.
Extreman el desdoblamiento del yo.
El miedo al tangram mental.
Miedo a las partículas de polvo.

A las paredes ayer les decía:
“Las quiero, pero no saben escuchar.”
Quiero que digan algo, lo que sea.
Qué me insulten, si es necesario.
Me tiren escombros encima.
Tiren revoque, pintura podrida.
Revoque ya no tienen.
Ya el techo se voló
Él no vino.
No llamó.
¿Llamo yo?
¿Yo qué soy?
¿Qué mierda pasó?

Mierda de huracán.
De madera me llenó el cuerpo.
Madera de mi propio cuerpo.
De mi esqueleto.
Mi cara hecha de quitina.
Cara de Gregorio Samsa.
De abominación mental.
Abominación de esa boca templada.
De manos suaves y teñidas.
Manos que violentan pero no lastiman.
Que rascan pero no pican.
Rascan la sarna de tus besos.

La pregunta del millón.
Preguntá: “¿Alguna vez hiciste esto antes?’”
“Alguna que otra vez”, digo yo.
Qué quiere que le diga.
¿Quiere que le mienta?
Qué le diga que soy del montón.
Le diga: “Yo sé lo que hago”
Diga: “Yo sé darte amor”
Yo besar suave y lento.
besar con dolor de panza.
Besar con miedo a perder el bondi.
Con miedo a equivocarme.
Miedo a darte todo, a pedirte perdón.
A darte lo único mío.
Darte lo que mamá exclama:
“¿Lo qué? ¡Qué esperanza!”.
Qué esperanza de ser normal…
Esperanza de ser mujer.
De ser yo.
Ser vos.
Yo.






A la mañana siguiente



A la mañana siguiente.
Mirada de ojos brillantes.
Cubierta de hojas con poemas,
mirándote con ojos expectantes,
con intención risueña.
Con las palabras en la boca,
las dichas,
que suenan a ruido blanco.
La incapacidad.
El miedo.
La forma.
La extrañeza.
La ajenidad de estar rodeada de muñecas
y que ninguna sea mi amiga, ni una gemela.
Ni una.
Ni cualquiera.
No puedo evitar andar desnuda entre la gente,
leyendo,
contando todo a tímpanos mutantes,
a ojos drogados y con sueño.
Hablarle a las vitrinas, en la rutina.
Tratar de escribir algo en tu honor.
Algo para vos, algo tuyo.
Algo... algo.
No sé bien qué.
Nada me llena.
No debe ser sincero todo esto.
No es necesario.
Cómo un tupper lleno de aire solamente.
Cómo respirarte adentro.
Mis barbies no podían hacer esto...
Yo hablo para no tocarte.
Vos rogás por lo mismo,
yo te leo,
a través del cuero, de tu piel.
Cómo puedo, cómo me sale.
Puedo ser íntima mostrándote
lo que hay abajo,
abajo de todo,
de lo esencial,
de la vida,
la pobreza,
las guerras,
la comida,
mi vieja, todo:
Y es este poema de mierda
que no quiere nacer, no sé más qué hacer.
¿Será por eso qué quiero ser partera?
¿Para ayudarte a nacer, bastardo de poema?
Tu madre no sé quién es, pero no colabora.
Es culpa mía.
Le falta la comida.
Tu padre le pega.
Estás desnudo, no tenés nada que te cubra.
Venís a un mundo de mierda y sin
embargo te ayudo a nacer, cómo
si depositara en cada fibra de
tu nuevo y hermoso ser
todo lo que el mundo precisa:
más amor,
más justicia,
más palabras a tiempo dichas.
Más de todo.
Yo te espero.
Te acuno constantemente,
en un rincón,
en mis brazos.
Te presto mis mitocondrias.
Te tejo,
te abrigo,
te bautizo
y te digo:
"el mundo es la peor maravilla",
la casa se nos cae encima.
Es una lástima que no puedas
seguir dentro de mi cuerpo,
en tu ingenuidad,
en tu inconciencia.
Me escruta tu mirada sin tiempo cómo respuesta.
Y yo hago fuerza para no desarmarme,
para acordarme de mis engranajes,
de la cascola barata con que me unieron.

No soy productiva, no hago nada pragmático.
Pero estoy viva.
amanece rojo...
Estoy viva, escribo y doy vida.










Si a vos te esperaron



Si a vos te esperaron, pacientemente, amorosamente.
Si todos te quieren, o al menos, pretenden quererte.
La gente te adora, tanto o más que yo.
Pero a diferencia de mí, ellos no sienten culpa.
Te aman y listo.
Te aman.
No se hacen drama.
Y yo qué hago sufriéndote,
latiéndote siempre.
Pensando en mis alvéolos, en mi diafragma que sube y baja y en tu cara.
Todo junto.
En tu voz.
Tu aroma fresco, infinito.
Tu pelo mojado, o simplemente largo.
O tu expresión de belleza no calculada, inesperada.
Decía tu viejo que el día de tu nacimiento te hiciste esperar,
que ya desde el vamos tenías tu reloj propio.
La capacidad de la paciencia, dicen.
La cara que todos etiquetan con frases amables.
Sos cómo un pizarrón de avisos.
Sólo que a cambio de eso a vos te dicen: "lindo", "te amo", "sos el orgullo de mamá", "te extraño", "hermoso".
Yo diría que sos un poeta, el poeta de mis letras, el inventado destinatario de un montón de tonterías que me he dedicado a escribir los últimos dos años.
Una estúpida meningitis que estropeó mi cerebro.
La peor resonancia que recibieron mis tímpanos fue tu voz de hermano muerto.
¡Te extraño, la puta que te parió!
Con perdón a tu vieja, divina, tierna, que tanto quise conocer y que supe que me iba a adorar.
Si vos cuando te arreglaste con ella, la petisa que a veces me mira con cara de tres letras, yo acá todavía iba a la escuela y vos, allá, quizás ya eras bachiller.
Qué diferente debe ser, aunque no sé, detesto los determinismos de la cronología.
Me debes un beso en la parada de Uruguay y Fernández Crespo
Y no hay canción que pueda saldarlo, ni un dibujo de alguna minita triste, ni documentales de músicos especiales, ni ningún tipo de mentira cansina que vos solés decir.
Si yo colocaba tu cara en otros cuerpos, si mentía y decía que "estuvo bueno", cuando tenía todo el cuerpo infectado de un virus con tu nombre. Si querés le buscamos el original en latín, pero una lástima, ya que no volviste a ir.
Quizás te pueda ayudar con la filología clásica, o no, bueno, si querés podríamos leer esos libros con tan mala reputación, pero que no podrían no gustar, esos que vos me recomendás, sí, aún, aunque te hayas quedado mudo de no hablarme, manco para escribir "hola, ¿cómo andás?". Y ciego para no ver mi cara de animal moribundo, sediento, con frío, que sólo pedía media hora de tu abrigo o capaz que menos, dos palabras, tu aliento. O sólo poder mirarte de reojo cuando escribías y yo sabía que ideas tenías porque éramos uno sólo aún del otro lado de la gran mesa, éramos uno o dos que se unían y era mental, espiritual, si nunca estuvimos cerca de verdad. En cada ocasión todos desaparecían, y aunque apreciaba su compañía eran cómo monos de proyecto de arquitectura, sólo estaban ahí de escenografía, para hacer más normal la estadía o fundamentar la excusa que nos reunía en tan sagrada ceremonia.
En ese lugar todavía recuerdo cómo respirabas, todavía me acuerdo de Irina y Francia, y de la vieja de los salmones y de que citaste a Pizarnik y de que nadie te abrazó cuando debían, aún cuando sabían de tu boca lo que yo intuía pero que no me animaba a preguntártelo, no quería ser atrevida, aunque todos sabemos o ahora yo sé que era déficit de autoestima, pero es que desde el principio o coincidiendo con la época en que vos amalgamaste tu vida con la petisa esa, cómo te dije, cuando yo terminaba la escuela, yo soñaba con vos, me preguntaba si existías, qué cómo serías, si podría hacerte saber que había pasado 7 años siéndote fiel, bancando que se burlaran de mí por decir, con apenas conocimientos melómanos, que me gustaba tu banda trabalenguas o juego de palabras o dios azteca lúdico. El mismo dios o parecido, gemelo fraterno o vitelino, que el que soñé que lucías en el plexo solar, el lugar más luminoso de tu ser y la zona de mi cuerpo dónde habitas también.
Qué raro ver tus ojitos tristes en el balcón de mi esternón, bah, raro no, si yo te cuento mi cotidiano cómo se lo contaba antaño a mis amigos imaginarios: a Doddy que murió en un accidente en nave interplanetaria y Ayelén que me acompañó hasta que terminé la escuela y vos encontraste el amor y eso que ya dije muchas veces.
Encontrar en tu blog los mismos tópicos que uso yo: Kafka, galletitas de miel... si yo me inspiré en tu poesía, la leída y la aún desconocida.
Sí a veces pienso que te va a traer una nube o un tren, o el bondi que los alcanza a todos por 1092 sin interés.
Podría haberte querido cómo te quieren todos: naturalmente, espontáneamente.
Pero te quise cómo pude, perdón. Pedímelo vos, el perdón, cómo forma de interés, simplemente porque me muero de ganas de perdonarte y arrancar de nuevo a destruirme. A vivirte, a ofrecerte mi riñón o aquellos músculos que no use, tendones, ligamentos, esos que te aferran a mi cuerpo y son sólo tuyos, cómo una pastillita o un chip que se quedó ahí estancado, indigerible, amoldado a la anatomía que un domingo Nilda trajo a este mundo. Una anatomía que se mostraba desnuda frente al espejo y se preguntaba si entraría en tu cucheta de madera podrida, y no para destruir lo poco de madera que quedaba, si no simplemente para dormir, con vos, a tu lado, encima, no me importaba. Con el calor, el color de tu piel, respirándote, tratar de hacer de tus bronquios sanos los míos, quizás hasta morderte para formar un sólo torrente sanguíneo.
Yo me había preparado mentalmente para el momento debutante, durmiendo tardes siestamente lluviosas escuchando 32 o más canciones de Franny Glass y quizás hasta las más melancólicas de La hermana menor, que me recordaban al Museo de la Memoria, dónde conocí a un predecesor tuyo, allá por el 2008, cuando yo ya era liceal y vos cumplías 2 años con el metrocuarentayocho de tu vida. Lolita territorial y complaciente.
No tengo nada en su contra, ella me odia, o yo la odio, no sé, yo pienso que debería odiarme, quizás se te escapó contarle lo que me dijiste un día, cuando perdiste el foco luego de 4 Norteñas y 2 Patricia que te bajaste solo: "sos re hermosa", "te adoro", "sos genial", "te quiero mucho"...
Cómo si me hubieras convertido en un corcho humano cómo vos, dónde todos pegan con chinches cartelitos con esas palabras que conmoverían hasta el más seco de los corazones.

En el fondo, OBVIO que espero que estés bien, que dentro de lo imprevisible e incomprensible de la vida puedas tener el control de lo que vendrá y aceptar lo que nunca se va a explicar. Ojalá toda la tinta que ha fluido, tanto en mis arterias y venas, cómo en mis letras hayan sido parte de la gasa que curó al soldado herido y que pudo volver a hacer de vos ese chico cansino y pensante, ese que nació a su tiempo y que todo el mundo amó sin pedirle nada a cambio... porque sé que así te aman todos, porque así, un día, por simplemente existir, te amé yo.




Ojalá te enamores



  “Lo quedé mirando.” Me detuve a mirarlo. ¿Qué expresión más rara, no?
Es como que mirás a alguien, y luego te detenés, ¿es así?
Me pregunto de donde vendrá, si del griego o del euskera.

Es rarísimo cómo puedo estar mirándolo con ésta intensidad, y pensar en un montón de boludeces al mismo tiempo.
Él me mira con cara de “pantufla mojada”…no, no es así. Me mira con cara de “perrito mojado”. O de “carnero degollado”, como dice mi padre, aunque no uso mucho esa expresión porque me parece algo sangrienta.
En todo caso, si las pantuflas tuvieran cara —u ojos, precisamente—me mirarían como él en este momento.

A veces me pasa que siento que soy una madre castradora con los hombres. Especialmente cuando llegan a mi vida éste desfile ridículo de blanditos que se odian. ¡CÓMO ME CANSA HACERME RESPONSABLE DE ELLOS! Pero tá.

La situación es que lo sigo mirando, como jugando al serio. Él esta nervioso. Veo como mueve esas horribles manitos de nena. Temblorosas de pastillas.
Pensándolo mejor, Dalí fue un cagón. Como vos. Se fue a París a garchar con Gala y dejó a Fede solo.
¡Te odio, Salvador de Nadie!

Y te sigo mirando. Oyendo como te ruge la panza. Pero no vas a comer. ¿Qué clase de humano sos?

Es divertido esto. Mirarte en silencio, pero hablarte en mi cabeza.
Es como estar viviendo en dos mundos simultáneos.

No preciso explicaciones. Las palabras no llenan el vacío. Se las lleva El Pampero y no las acaricia.
Yo tampoco te acaricio. Ahora no quiero. Pero antes —cuando quería—me sacabas las manos. Te ponía mal que te tocaran.

Que lindos chupines tenés puestos. Y esos championes Muaa!® que vos insistís que son de hombre porque son azules.
Si Once supiera que tenés libros de Hemingway tirados en el piso…

Ya todo se terminó, te estás parando, me estas dejando con la imagen de tus cicatrices de adolescente.
Es una cagada que cada vez que conozco a alguien, tengo ganas de haberlo conocido antes.
Te estas yendo. Muy bien.
¡Larga vida, compañero!
Te suelto, y hasta la próxima vez.
Ya no importa, tengo el corazón callado.
Hay una maldición egipcia (o gitana, o árabe, no sé, no me importa) que se le dedica a la persona que te hace daño. Y eso es lo único que te voy a decir:
— ¡Ojalá te enamores!

Me haces un gesto de “OK” con la mano.
No me avises si llegas bien. Ni si vas a pasar por acá.
No te espero.
   Nunca más.



El mundo está lleno de Imanoles raros



El mundo está lleno de Imanoles raros.
“Nos gustaba la casa”, decía Irene y yo o Irina y Francia.
Ya no sé si era papilla o clases de moldeado o modelaje.
Niño alquímico y azteca.
Andrógino de terror.
¡Eu! Soy eucariota, ¿sabés?
Soy hijo del lavarropas.
Modernista del toallero.
Los bombones de su deliciosa alquimia.
Vertiginoso como mirar a la cara a un bebé, o como estar del lado del pizarrón.
Jugaste con el tangram de mi corazón.
Dadaísta pero tremendamente egoísta.
Crees ser perfeccionista.
De las zorras y los tractores salen las piernas rotas, o de las iniciativas de tus “amigos” pre-púberes y malotes de que saltaras desde el segundo piso. Todo justificado por la combinación abusiva del vodka con coca-cola (como si fuera una combinación coherente)
Y mientras ellos se reían, vos mirabas al cielo como un poeta, quizás anticipando la llegada de nuestra primogénita o solamente queriendo estar arriba de cualquier manera.
Tus ex-abortivas o tus amigas que mean en cualquier esquina.
Tu remera al sol del Chapulín Colorado.
Es como yo digo: no podés pretender ser el superhéroe si aún llevas los calzoncillos adentro. Zolcilloncas de princesas hermosas y florales o chupines nuevos de corazones.
La chica Fidel ya no es más cubana ni está acosada por las arañas de tu cama.
La orden ya llegó.

Abrime la puerta.



Fils de pute



Desayunaste.
Anoche te saqué un pasaje a tu pueblo de medias pares.
Donde todos son terrícolas. Vos sos el único marciano, médium de ovnis.
Solo vos los ves, ¿no ves qué no perteneces? Estás encastrado a la fuerza, como el Lego destartalado que siempre fuiste. Qué difícil hacerte que lo veas…
Te guardas en la budinera todas tus malditas frases mieleras, caribeño arrepentido. De alguna manera, así sea por poco, estás más cerca del Ecuador de lo que estoy yo.

Una araña llamada Valentina me visitó hoy y me dijo cosas muy importantes, pero no las entendí porque no sabía a cuál de sus seis ojos mirar.
Me invitaste al “baby shower” de tu chef d’œuvre, latino chico.
Pensar que mis amigos me decían: “¡Gurisa, no hagas doble dribling!”. Pero yo no les hacía caso y jugaba con Willowh, mi amigo imaginario.
Que conociendo su talento, ya debe estar jugando para los Spurs de San Antonio, como el osito con que duermo. Como el capitán de la fragata.

Qué manía tu mitomanía, corazón de tripa de araña.
Estás chicato de alma. Entre mirarme y escribir un cuento, miras el teclado y tipeas. Y yo sentada en el piso queriendo jugar un Mikado y vos con los terremotos que causan tus saltos en primera: 8 puntos en la escala de Richter.
Desde que empezaste el ballet cambiaste mucho: dejaste de fumar puchos, a no ser cuando escribís. Y yo alcanzándote exprimidos de naranja, zanahoria y remolacha, con un poquito de sal de mis lágrimas por si te llegás a caer del escenario, te sacás del hombro la guitarra y ese estúpido peinado de rockerito indie. Y te das cuenta de la obviedad: que sos un boludo que no me sabe mirar.
Intenté decirte “je t’ aime” en braille, pero no te dejaste tocar. Quizás podías tener en la espalda pecas suficientes como para elaborar un mensaje coherente.
Allá tú, extraño grimorio. Inútil búsqueda del tesoro. Chico que jura ser de oro y me hace quemarme la cabeza tratando de leerlo entre líneas.
Ya Milo está muy asustado por las explosiones que vio, ¿qué hago? Lo doy en adopción, le digo que el padre sos vos, que te lo llevás al Interior.
Que nada es nada sin vos.
¿Quién te precisa, cagón?
Ya tengo bronco espasmos como si inhalara Thinner. Me recuerda a tu perfume, ese que le gustaba a Emma Bovary.

Tranquilidad.
Ya vendrá y te aseguro, sin dudar, que sus abrazos me van a dar más paz que la que los tuyos me pudieron dar.
Solo sabés hablar con el culo pegado a la silla, con el tono de voz de una chinchilla, ¿en Conchillas?
¡Qué digo!
Leave me alone, sweet little motherfucker!

Adieu, salop!